El entorno es realmente precioso, muy cuidado y decorado con gusto. Los calçots estaban muy bien preparados, sabrosos y, además, pudimos repetir sin problema, lo cual se agradece. Se sirven en una mesa exterior y, con el día espectacular que hacía, la experiencia en ese momento fue inmejorable. Sin embargo, el resto del menú no mantiene ese nivel. En el comedor, el clásico pan con tomate y jamón serrano resulta claramente mejorable; de hecho, el jamón era de calidad bastante justa. Pedimos aceite de oliva y nos lo facilitaron, pero no consigue compensar esa primera impresión. El vino incluido en el menú (de unos 4 €) es francamente pobre. Es una lástima, porque con una ligera mejora en este aspecto la percepción global de la comida cambiaría notablemente. En cuanto a los platos principales, las verduras son correctas sin destacar, la butifarra con habas resulta bastante básica y el cordero, sinceramente, no está a la altura: una verdadera decepción. La crema catalana, por su parte, es aceptable, sin más. En conjunto, por 54 €, esperábamos una experiencia gastronómica más cuidada y equilibrada. Una propuesta con mucho potencial, pero que necesita mejorar varios aspectos clave para justificar su precio.
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