Me alojé en este hotel porque necesitaba descansar urgentemente tras una operación complicada y bajo una medicación muy fuerte. No estaba pasando un buen momento personal, eran unas Navidades muy difíciles, y lo único que pedí fue descanso. Solicité expresamente una cama doble, porque necesitaba estar cómoda y tranquila. Al llegar sobre las 5 de la tarde (una hora razonable), repetí mi petición y la respuesta fue que la habitación tenía dos camas individuales y que las juntara yo. Me quedé en shock. Si esa era la solución, sinceramente, me habría quedado en mi sofá. La noche fue imposible: un zumbido muy fuerte del frigorífico me despertaba constantemente. No pude dormir nada. En un momento dado intenté llamar por teléfono a recepción y tardaron unos 45 minutos en contestar. Pensé seriamente: ¿qué pasa si tengo una emergencia? Los médicos me habían recomendado estar algo vigilada y, debido a la situación, no pude tomar mi medicación y tenía dolores horribles. Bajé a recepción para hablar con la encargada. La recepcionista me dijo que no estaba, pero luego dijo que la llamaría. Finalmente apareció la manager con una sonrisa falsa, una actitud soberbia, y cero empatía. Intenté explicarle tranquilamente por qué no estaba satisfecha y su respuesta fue que ella no es responsable de sus huéspedes, que solo somos humanos que pagan. Ni una sola disculpa, ni el más mínimo intento de ponerse en mi lugar. Me sentí menospreciada, intimidada y tratada como si fuera estúpida. Fue una experiencia de bullying y el peor trato al cliente que he recibido en mi vida. Este hotel no merece 3 estrellas. La comisión hotelera de Burgos debería revisar seriamente su clasificación. La falta de humanidad, profesionalidad y atención en una situación tan delicada es absolutamente inaceptable.
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