Estuvimos recientemente cuatro parejas en el Palacio de Trasvilla y la experiencia fue sencillamente fantástica. El lugar ya de por sí es especial: un palacio del siglo XVIII restaurado con muchísimo gusto, lleno de historia y rodeado de naturaleza en pleno valle pasiego. Cada rincón tiene algo que mirar: muebles antiguos, tapices, detalles de decoración… todo está cuidado con muchísimo cariño y te hace sentir como si viajaras a otra época. Pero si algo marca la diferencia es el trato. Alfredo y María José hacen que te sientas como en casa desde el primer momento. Alfredo, además, es un auténtico narrador: escucharle contar la historia del palacio, de los muebles y de cada pieza es casi como hacer una visita guiada privada. Y descubrir que muchas de las piezas de madera han pasado por sus propias manos como artesano añade aún más valor al lugar. Las habitaciones, cada una con su propio nombre y personalidad, son preciosas y muy cómodas. Se nota que cada estancia tiene su carácter, con muebles y detalles únicos. Ese fin de semana además llovía bastante, pero lejos de estropear la estancia, le dio aún más encanto al lugar. Disfrutar del palacio, del silencio del entorno y de sus salones acogedores fue un auténtico lujo. Y mención especial para el desayuno: variado, abundante y de gran calidad. De esos que invitan a empezar el día sin prisa. En resumen: un sitio con alma, historia y una hospitalidad excepcional. Sin duda, un lugar para repetir y recomendar.
Translate