Nos alojamos en el Eurostars Hotel Real y, aunque el edificio es histórico, precioso y transmite esa sensación especial de gran hotel clásico, nuestra experiencia no terminó de estar a la altura del precio pagado.
Pagamos alrededor de 380 € por noche, y por ese importe esperábamos una habitación más cómoda. La nuestra estaba en una esquina del primer piso, con vistas al aparcamiento, y nos pareció bastante pequeña, al igual que la cama. No era una mala habitación, pero sí nos resultó insuficiente para el nivel y precio del hotel.
Uno de los motivos por los que elegimos este alojamiento fue poder usar el gimnasio, pero nos decepcionó bastante: es muy pequeño y cuenta básicamente con algunas máquinas de cardio y mancuernas. Para un hotel de esta categoría, esperábamos unas instalaciones más completas.
La ubicación es bonita y tranquila, en una zona elevada y señorial de Santander, pero conviene tenerlo en cuenta: no está en pleno centro ni justo al lado de las playas. Se puede ir andando, pero para volver hay bastante cuesta arriba, así que en muchos casos resulta más cómodo moverse en taxi, coche o transporte.
Como puntos positivos, el desayuno nos pareció completo y la terraza es muy agradable. Las vistas podrían ser mejores, aunque en parte quedan bastante tapadas por los arbustos. El personal fue correcto y amable, y el edificio, sin duda, tiene mucho encanto.
En resumen: es un hotel con historia, carácter y una ubicación especial, pero en nuestro caso la relación calidad-precio no nos convenció. Creo que merece la pena alojarse aquí si se valora mucho el edificio histórico y el ambiente clásico, pero conviene revisar bien el tipo de habitación y expectativas antes de reservar.
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