En un entorno, espectacular y grandioso, donde la Naturaleza está llena de tiempo hemos disfrutado unos días en El Bailador, en casa de Mario. Una excelente persona y profesional que tiene la memoria de Montoro y su comarca en su rostro. En su casa, todos son bienvenidos. Un hogar recuperado con cariño y con calor. Su abuelo ahí vivió, ahí trabajó y ahí nació el padre de Mario. Un hogar mimado por sus recuerdos, en donde las estancias hablan con sus nobles materiales de un pasado, presente y futuro. Los momentos compartidos en la cocina con Mario y otros viajeros, llenos de generosos y ricos desayunos y cenas, con el telón de fondo de tantas y tantas historias vividas, han sido lo mejor del viaje. Gracias Mario.
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