Recibí esta experiencia como regalo de cumpleaños y, además, pagué un seguro de cancelación precisamente para estar cubierta ante imprevistos. La primera vez tuve que cancelar, pero avisé dentro del plazo establecido. La segunda fue por una situación familiar durísima: recibí la noticia de que mi hermana padecía una enfermedad muy grave y tuve que viajar para estar con ella. Expliqué que emocionalmente no estaba en condiciones de ir a disfrutar de una noche allí y pedí simplemente cambiar la fecha. Su respuesta fue que buscara a otra persona y le cediera mi noche. En un momento así, lo último que podía hacer era ponerme a buscar a alguien para regalarle la experiencia. Lo que más me sorprendió es que era un martes y, según pude comprobar, las habitaciones estaban vacías, por lo que no estaba pidiendo desplazar a otro cliente ni cambiar una fecha de alta ocupación. Finalmente se han quedado con el dinero y no me han ofrecido otra fecha. Entiendo que existan unas condiciones, pero también creo que ante circunstancias tan excepcionales debería existir un mínimo de empatía, humanidad y sentido común. Una experiencia que era un regalo bonito ha terminado dejándome una sensación muy desagradable.
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