Ezcaray es un pueblo precioso, enclavado entre montañas y atravesado por el río Oja, un bullicioso río de aguas claras, con un casco antiguo lleno de encanto, casas muy bonitas y una atmósfera realmente especial. Tiene una preciosa iglesia-fortaleza de origen medieval, plazas con vida, calles cuidadas y un ambiente muy agradable que invita a pasear y quedarse. Además, la oferta gastronómica es excelente, con bares restaurantes y establecimientos de gran nivel —incluido el famoso restaurante con estrella Michelin— Es uno de esos lugares donde resulta muy fácil sentirse a gusto. Y en él se enclava este pequeño hotel con muchísimo encanto, situado en plena plaza principal y en una ubicación sencillamente inmejorable. Además, el aparcamiento público (gratuito) se encuentra prácticamente al lado, en una pequeña plaza donde pudimos dejar el coche sin ningún problema. Pero si hay algo que quiero destacar especialmente es la simpatía y el trato del personal de recepción. Nos atendieron dos chicas encantadoras —una de ellas en prácticas— con muchísima cordialidad y cercanía, algo que marca muchísimo la diferencia. El hotel tiene ya sus años y precisamente ahí reside gran parte de su encanto. No es un hotel moderno ni pretende serlo: conserva ese aire señorial, rural y con personalidad que lo hace especial. La decoración tiene carácter, se nota cuidada y transmite autenticidad. Además, detalles como la carta de almohadas demuestran una atención al huésped muy por encima de lo habitual en muchos alojamientos de su categoría. La habitación era amplia, luminosa, confortable, con vistas y muy limpia. En general, es uno de esos hoteles en los que uno se siente cómodo y a gusto porque percibe que hay interés en cuidar los detalles y en hacer agradable la estancia. El desayuno también nos pareció muy bien. He subido entre otras la foto de un cuadro situado en uno de los pasillos porque me pareció un ejemplo perfecto de esos pequeños detalles con encanto que el hotel cuida y que contribuyen a hacer la estancia especialmente agradable. En conjunto, me parece un hotel de tres estrellas muy digno, con muchísimo encanto y absolutamente recomendable para alojarse en Ezcaray, especialmente en un lugar donde abundan los apartamentos turísticos pero no siempre se encuentra un hotel tan encantador y con tanta personalidad.
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